[Este texto forma parte del catálogo de la exposición AFINIDADES [Buil-Grasa. Larroy-Vilas.
Sinaga-Jiménez. Tena-Ratia. Vila-Romeo]
. Galería A del Arte. Zaragoza, 2009]

Las perlas elementales de Larroy

Manuel Vilas


Puede que mi situación real en el mundo sea la de un escritor más o menos español que se llama MV (pongo las iniciales solo, ya vale, ¿no te parece?), un ciudadano MV en una ciudad (Z). Pago facturas. Voy al cine. Voy en coche por la ciudad. Voy a la playa. Me pongo crema solar protección tres mil (por el virus vampírico). Pero mi situación emocional y cósmica, mi situación cuántica, mi situación física, mi situación religiosa (porque yo creo en…), mi verdad material solo cabe ser representada por los cuadros de Larroy y más exactamente por lo que Enrique Larroy ha llamado “perlas de imitación”. Larroy es un hombre alto, robusto, firme. Es firmeza. Siempre que lo veo tengo la sensación de encontrarme ante un bien corporal inamovible. Una nave en mitad del espacio. Un bien material. Larroy es materia. Y eso me alegra y me da ánimo. Me alegra ver a Larroy. Me alegra saber que las perlas de Larroy son en realidad representaciones de lo que la física cuántica llama “partículas elementales”. Desaparece la historia, la identidad, las ciudades, el estado, las autopistas, los sexos (qué bien), los centros comerciales (aquí Larroy es demasiado radical), la literatura, Goya (qué bien), el índice Nikkei, la Unión Europea, desaparece todo y en su suplantación, en su elevada sustitución, contemplamos las geometrías altas y sedosas y locas de la vida sin la ficción de la Historia. Eso es Larroy. Aparece un estado de libertad, pero como Larroy ha perdido la fe (por vivir sin oración), a ese estado le llama “perlas de imitación”. Me gusta que no haya hombres y mujeres en los cuadros de Larroy. Hemos sufrido tanto con esa estupidez de la naturaleza. Que haya un Eros general, ese es el deseo de Larroy. Para ese Eros general pinta Larroy. Ese Eros absoluto es el Capitán General de la Materia, es un Juan Carlos I. Como es un Eros general, no puede tener una forma común (porque entonces sería parcial) sino que tiene que poseer la globalidad. Por eso experimento alegría ante los cuadros de Larroy, porque se repliega, desaparece el mundo, y qué bien, tío, qué bien que se vaya el mundo. Porque el mundo da igual que sea bueno o malo, está bien que se vaya porque es ficción. Como decía Ballard, el pasado no existe. Por tanto el pasado es ficción. Por eso, porque la ficción es un albañal, en la pintura de Larroy aparece la alegría de la materia vista a nivel microscópico. Las partículas elementales o las perlas de imitación de Larroy siguen el siguiente planteamiento matemático:



Enrique Larroy



El espín es la capacidad de movimiento de las perlas de imitación de Larroy. El espín es hermoso, hace que los peces no huyan de los mares. Los bariones y los mesones son partículas sensibles a la interacción fuerte. Larroy es la interacción fuerte, debido a su aspecto chamánico. Esas fórmulas anteriores pueden describir también los flujos neuronales de Larroy; lo cual explicaría las masas tan elevadas. Tocar un barión (no sabemos si Larroy lo ha conseguido) es como tocar la pupila de Van Gogh. En un plano físico, las perlas de imitación de Larroy son fieles a estas representaciones:



Enrique Larroy



Por tanto, las perlas de imitación imitan o bien a los neutrinos o bien a los antineutrinos. O manifiestan un momento de incertidumbre, en el que las perlas de Larroy pueden comportarse como neutrinos o como antineutrinos. Recuérdese que el neutrino no tiene masa. Es una existencia sin materia, como la de Larroy, o como la mía. Sea como fuere, la dirección del movimiento es hacia fuera de sí. Como bien sabe Larroy, sus perlas salen de la órbita del cuadro y marchan, como corderos entre los lobos, a predicar en el desierto de los hombres. ¿Qué predican las perlas de Larroy? La llegada de la alegría universal, el tiempo de la materia libre. La materia sin tiempo quise decir. Incluso la materia sin masa. Porque la materia sin tiempo, sin masa (porque la masa es un principio de alienación y de entropía) es el sueño de la libertad; por tanto, concluimos que la materia sin alienación es el objeto de la pintura de Larroy. Y eso, hermano mío, es lo más hermoso, lo más dulce, lo más humano. Déjame ser libre, en una de esas perlas, allí dentro, aunque sean una imitación de las grandes perlas que ya nunca veremos, o que no sabemos si nunca han sido vistas.