[Texto en el catálogo de la exposición Enrique Larroy. La pista falsa. Diputación de Huesca, 2005]

El color o el núcleo constructivo
de la pintura de Enrique Larroy

Santiago B. Olmo


Enrique Larroy La pintura es quizás el ámbito artístico en cuya práctica se reúnen con mayores tensiones contradicciones y cuestionamientos. Los problemas de si hay una identidad de la pintura, las preguntas sobre qué y para qué es la pintura, sobre su significado, su actualidad o no y el sentido que tiene seguir pintando, aparecen de una manera muy acuciante y bajo la apariencia de lo irresoluble. Pero como si se tratara de una contradicción más, actualmente apenas se desarrollan debates al respecto y aquellos que se esbozan obtienen una escasa repercusión, también entre los pintores, como si el debate sobre lo propio fuera un peligroso medio de “liquidación” o un extraño ajuste de cuentas.

Sin embargo la pintura prosigue como una práctica crítica, más como una manera de mirar y de actuar, que como una técnica cerrada en los estilos.

Probablemente lo más interesante de la pintura es que su mirada crítica ha conducido al desfondamiento de los grandes discursos teóricos y a la disolución de las técnicas, abriéndose así a una multiplicidad de lecturas. En ese sentido la pintura es un espacio impreciso en cuanto a la naturaleza de sus prácticas pero riguroso en las implicaciones que tiene para la mirada y sus significados.
En cierto modo desde los años sesenta y setenta ya se venía produciendo desde dentro y desde fuera del ámbito de la pintura un cuestionamiento profundo del estatuto de la propia pintura. Sin embargo esta especie de desfondamiento consistía más bien una necesidad de reconstrucción, en una apertura hacia otros ámbitos y hacia una integración de perspectivas artísticas a veces muy contradictorias entre sí.

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Enrique Larroy